viernes, 17 de julio de 2015

¿Cómo tratar a los clientes descontentos?



Nunca llueve a gusto de todos. Frase que se puede extrapolar a la perfección para el comercio. Da igual lo maravillosos que sean nuestros productos y la disposición habida para ofrecer el mejor servicio al cliente, ya que es inevitable algún cliente descontento. Y aunque es imposible gustar a todo el mundo, hay que cuidar desde el cliente más simpático hasta al cliente “quejica”.
Además, hay una máxima que dice “el cliente siempre lleva la razón”, y aunque no estoy cien por cien convencida de ella, lo cierto es que tenemos que solucionar el problema y no podemos entrar en discusiones polémicas. Por lo tanto, aunque tratar con clientes descontentos no es fácil, no llegaremos a buen puerto a través de la confrontación, por lo que tenemos que dar la vuelta a la situación para ver una oportunidad de éxito si sabemos encauzar el problema de la forma correcta.
Cómo tratar con un cliente insatisfecho
Quejas sobre un producto defectuoso, una mala experiencia que no cubrió sus necesidades, quejas sobre la atención al cliente, envíos fueras de plazos, críticas sobre precios… Los motivos por los cuales un cliente puede estar molesto pueden ser muy variopintos. ¿Qué podemos hacer para lidiar con ellos?
En primer lugar, debemos escuchar al cliente y ponernos en su situación. No nos tenemos que apresurar a buscar una solución hasta que no entendamos el problema que tiene.  Para ello, debemos escuchar con atención lo que nos dice intentando dominar la conversación, pero sin decir nada malo ni inadecuado.
No podemos perder las formas en ningún momento. Aunque un cliente nos esté hablando en un tono de voz elevado, no caigamos en ese error. Si vemos que nos falta el respeto, le paramos los pies pero bajo ningún concepto debemos entrar en las faltas de respeto. Ya sabes… las noticias siempre vuelan.
Durante la conversación, hay que dar confianza a la persona que escuchas. Mantener el contacto visual, responder a lo que diga, repetir a veces lo que se dice puede ayudar para que el cliente sienta que se le está haciendo caso.
Una vez se haya entendido el problema, hay que pedir disculpas, incluso aun pensando que tenemos la razón. Escuchar un “lamentamos si ha existido algún inconveniente” puede calmar, aunque lo perfecto sería un “lo lamentamos” y luego lanzarse a un “veremos cómo vamos a resolver esta situación”.
El paso siguiente es buscar una solución y darle alternativas. Aunque lo idóneo sería preparar a los empleados frente a quejas de cliente o problemas, no todas las situaciones son iguales y, por ende, los recursos tampoco.
Hay que diferenciar entra las soluciones que pueden satisfacer a los compradores entre las que merecen la pena a la empresa, para así poder dirigir la conversación a la más conveniente. Incluso si creemos que la empresa ha cometido un gran error, tendremos que pensar en compensarles si lo vemos oportuno.
En casos extremos y que no sepamos qué hacer, también podemos dejar que el cliente nos lleve a la solución que les haga felices y que no habíamos caído en ellos. Sea como fuere, hay que hacer lo posible por complacerlo.
Una vez decidido cómo se va arreglar el problema, habrá que hacer seguimiento del mismo. Una llamada a tiempo para ver qué tal van las cosas puede salvarnos de futuros descontentos y demostrar compromiso. Ellos agradecerán que alguien de la alta jerarquía o el mismo dueño de la empresa se tome el tiempo de levantar el teléfono y preocuparse por ellos.
Aprovecha para fidelizar al cliente
La gestión de las reclamaciones puede llegar a ser la clave para fidelizar a clientes. Pueden observar que no solo sabemos sacar partido a la cara buena de la moneda, sino que somos una empresa sería capaz de resolver de forma rápida un problema creando confianza en ellos.
No obstante, no debemos esperar a que el problema nos dé en la cara para reaccionar ante él. Debemos ser proactivos ya que muchas veces no hace falta que el cliente nos diga que están descontentos. ¡Se les puede notar hasta en la cara! Por ello, es vital ser críticos con nosotros mismos y adelantarnos con un plan para resolver cualquier incidencia.
Además, ahora analizar la satisfacción de nuestros clientes puede ser muy sencillo. Con herramientas como las redes sociales y los foros podemos ver que opinan ellos de nosotros. Es tan sencillo como buscar el nombre de tu empresa o marca en Twitter, o identificar los foros más cercanos a nuestro sector y mantenerlos vigilados.

Y por último, pero no menos importante, debemos aprender de los errores. El tratar con problemas incómodos debe suponer siempre una experiencia de aprendizaje. Recordemos que cada cliente que acude a nuestro negocio es único, por lo que tendremos que ponernos en sus zapatos más de una vez.

lunes, 6 de julio de 2015

Clave del éxito: Autodisciplina


Para conseguir sus metas debe crear rutinas y cumplir sus promesas; y evitar alejarse de ellas, sin importar la situación.

A continuación presentamos un artículo redactado por Dan Kennedy:

En la mañana del funeral de mi madre, escribí el siguiente párrafo de mi libro: Mi madre falleció hace un par de días, y el funeral fue anoche. Son las seis de la mañana y estoy en mi oficina, escribiendo. Eso es lo que hago todos los días, sin importar qué ocurra. Y ésa es la respuesta a cómo puedo tener cinco libros en las repisas de librerías.

No es que no tenga emociones, o que no amara a mi madre. Sin embargo, hace mucho aprendí la importancia del régimen, del ritual, del compromiso y de la disciplina en relación con el éxito. Así que se necesita demasiado para descarrilarme. La mayoría de las personas se distraen con facilidad. Quizás soy demasiado extremo en mi insistencia de seguir con mis planes de trabajo sin importar qué pase, pero muchas personas son aún más extremas al deshacerse de su voluntad por cualquier razón.

Conseguir el respeto de los demás es una gran ventaja en tu vida. Y eso surge a partir de la autodisciplina. Las personas con alta autodisciplina no tienen que “poner una pistola” en la cabeza de los otros cuando quieren algo; la gente simplemente siente su poder y con entusiasmo les dan todo lo que tienen.

Detente a observar qué poca autodisciplina tiene la mayoría de las personas. Pregúntale al manager de cualquier equipo cuán graves son los problemas que derivan la impuntualidad y el ausentismo laboral. ¡Muchas personas no tienen siquiera la autodisciplina para levantarse temprano en las mañanas!

En mi ámbito de negocios, encuentro que más de la mitad de las personas no llegan a las citas y reuniones a tiempo. Los clientes se pierden de citas pre agendadas; y los proveedores no cumplen con las fechas límite, incluso aunque ellos mismos las establezcan.

En el mundo emprendedor, dice mucho de ti el únicamente estar a tiempo y preparado para trabajar. Cumplir con las fechas de entrega y con los compromisos permite que destaques de entre la multitud. La habilidad de hacer las cosas, y hacerlas bien desde la primera vez, atraerá a buenos contactos, oportunidades y recursos. Y finalmente, todo se trata de autodisciplina.

Y la autodisciplina aplicada a un asunto en particular literalmente tiene un poder mágico. Cuando enfocas tu autodisciplina en un solo propósito puedes generar grandes resultados. Todos se quitarán de tu camino, te abrirán las puertas y te saludarán en tu caminar.

La consecución exitosa de la mayoría de los objetivos valiosos (incluyendo ser un emprendedor más efectivo) es difícil, pero puede ser relativamente simple. De hecho, puede resumirse en tres pasos:

Reconocimiento…

Si estás consciente de la importancia del tiempo, entonces tendrás un concepto distinto de él y aprenderás a controlarlo para alcanzar tus metas y máximo potencial. Debes reconocer cómo usas tu tiempo, cómo lo desperdicias, inviertes y controlas. Y el primer paso para lograr las cosas, es reconocer los problemas y fallas, y las oportunidades y éxitos.

Decisión…

Todo logro sigue a una toma deliberada de decisión, con pequeñas excepciones de logros “accidentales”, como tropezarte con tu agujeta, caer al pavimento y encontrarte un billete de 100 dólares. Además de ese tipo de accidentes, el logro sólo puede seguir a una decisión. Y como resultado de tu pensamiento sobre la importancia del tiempo, puedes desarrollar algunas decisiones.

Acción…

Existen tres tipos de acción: iniciar nuevas cosas o implementación, seguimiento y terminación. Cuando has tomado una decisión, tienes que empezar a actuar en torno a ello. Para algunas personas, ésta es la parte más difícil, aunque en realidad lo más complejo es el seguimiento. Por ejemplo, a una persona que decide seguir una dieta puede parecerle sencillo tirar a la basura un montón de comida chatarra; lo complicado será que no la consuma una semana después. Y es aquí donde la autodisciplina es clave, aunque también es importante que crees un ambiente que soporte a esta nueva actitud.


Fuente: Dan Kennedy

¿Cómo decirle a alguien que va a ser despedido?



¿Cuál es la mejor manera de dar la noticia? ¿Cómo encontrar el equilibrio entre ser directo y compasivo? ¿Debe mostrarse sensible por la situación? 

Harvard Business Review  comparte estos tips.

Despedir a un empleado es una de las tareas más desagradables en la gestión empresarial, ya que es muy probable que genere diversos sentimientos encontrados: compasión, tristeza y ansiedad.
Incluso si despedir a un empleado (o empleados) es lo mejor para la empresa, es posible que usted de todos modos se sienta culpable. ¿Cuál es la mejor manera de dar la noticia? ¿Cómo encontrar el equilibrio entre ser directo y compasivo? ¿Hasta qué punto debe mostrarse sensible?
Lo qué dicen los expertos…
Estar a cargo de los despidos es una “parte desagradable de la gestión empresarial que muchas personas temen”, opina Laurence J. Stybel, asesor de gestión profesional y ejecutivo residente en la Escuela de Negocios Sawyer de la Universidad de Suffolk.
También es una tarea ingrata. “Nunca nadie consiguió un ascenso porque despedía muy bien. Sin embargo, su carrera puede verse perjudicada si no trata a la gente de una manera digna”. Todos sus empleados y clientes van a estar viendo la forma en que usted maneja la situación. “La forma en que despide a la gente tiene que reflejar las palabras que describen la misión de la empresa”.
Despedir a un empleado o grupo de empleados es especialmente difícil cuando usted está en desacuerdo con la decisión, afirma Andy Molinsky, profesor de comportamiento organizacional en la Escuela de Negocios Internacional de la Universidad de Brandeis. “Se sentirá en conflicto, desanimado y frustrado”. Aun así, como gerente puede que tenga que hacer lo que es mejor para la empresa.
A continuación, Harvard Business Review brinda una serie de consejos para manejar el proceso de una manera clara y respetuosa, ya sea que esté despidiendo a una sola persona o a todo un equipo.
Busque capacitación…
Todas las organizaciones necesitan un “proceso eficaz, eficiente y estandarizado” para el manejo de despidos “y todo el mundo –gerentes y potenciales directivos– deben ser capacitados en cómo hacerlo”, comenta Stybel. “La capacitación hace que sea una tarea menos atemorizante”, añade. El problema es que, según Molinsky, la mayoría de las organizaciones no “ve la necesidad de ofrecer una amplia capacitación, ya que cuesta tiempo y dinero y los despidos son una ocurrencia relativamente infrecuente”.
Para el especialista, esto es un descuido. Las empresas que realizan despidos de forma equivocada “sufren tremendas consecuencias”, incluyendo demandas por despido injustificado y un negativo impacto a su reputación. “Es una obviedad invertir recursos en hacer esto bien”, dice Molinsky. Si su empresa no ofrece capacitación, Molinsky sugiere buscar asesoramiento y orientación de mentores que tienen experiencia de primera mano en despedir a empleados.
Práctica…
No vaya frío a realizar esta tarea –y definitivamente no vaya solo, sugiere Stybel. Es más cómodo y práctico, desde el aspecto legal, dar esta noticia con al menos otra persona en la habitación. “Lo ideal sería que usted esté trabajando en estrecha colaboración con un consultor de una empresa de recolocación para ayudarle a gestionar el proceso”, agrega. Si no es así, llame a alguien de recursos humanos. A medida que practique lo que va a decir, simule la situación de cómo puede reaccionar el empleado.
“Durante el periodo de prueba, anticipe los peores escenarios”, anota. “La persona puede llorar o puede mencionar a su familia diciendo algo así como: ‘Mi hija va a la universidad el próximo mes, ¿ahora cómo voy a pagar sus estudios?’ Usted debe considerar cómo va a manejar sus emociones” en estas situaciones.
Es recomendable tener un guión, pero trate de no depender demasiado de él, advierte Molinsky. “El peligro de un guión es que usted se sentirá demasiado mecánico y se distanciará tanto que no podrá mostrar sensibilidad interpersonal”, dice Stybel. “Al mismo tiempo, usted no querrá conmoverse mucho debido a sus esfuerzos de mostrar compasión que al final le imposibilitará dar el mensaje”. Practicar de antemano ayuda a asegurar que “el equilibrio sea adecuado”.
Considere la logística…
El entorno físico en el que usted comunica la noticia debe ser una habitación u oficina tranquila y privada, dice Molinsky. Tenga una caja de servilletas a la mano. El objetivo es “maximizar su comodidad al momento de dar el mensaje” y a la vez garantizar “la dignidad de la persona que está siendo despedida”.
No olvide tomar en cuenta su seguridad. “A menudo la reacción de la persona es de conmoción o tristeza, pero también podría enojarse”. En vista de esto, Stybel recomienda “asegurarse de que la persona tenga acceso directo a la puerta en caso de que se ponga sensible y necesite salir. “Facilite la salida de la persona de ser el caso”, recomienda. Si bien “no hay un momento adecuado del día” para decirle a alguien que ya no tiene trabajo –francamente, todos son terribles- “trate de hacerlo el viernes, ya que otorga a la persona el fin de semana para lidiar con esto”, dice. “Si lo hace el lunes, todo el mundo va a hablar sobre esto el resto de la semana”. Y si está cerrando una división entera, tal vez sería mejor anunciar la medida a todos a la vez, de acuerdo con Molinsky, “ya que todos son los que sufren la misma suerte”.
Sea directo…
El guión para despedir a un empleado es relativamente sencillo, según Molinsky. “Vaya al grano rápidamente: Sea directo, sea honesto, y nada de charlas triviales”. Stybel recomienda comenzar la conversación diciendo: ‘Tengo una mala noticia que dar hoy…’ porque prepara emocionalmente al individuo. Es equivalente a decir: ‘Estoy a punto de darte un puñetazo en el estómago’ en comparación a dar el puñetazo sin avisar”, afirma. Luego diga algo así como: “El propósito de esta reunión es para comunicarte que su relación con esta empresa ha llegado a su fin”. Luego, entregue a la persona una carpeta con los acuerdos de indemnización (u otros documentos).
Si su empresa brinda servicios de recolocación, luego diga: “Como parte del respeto que le tenemos, hemos contratado a una empresa para ayudarle a conseguir algo y no se quede en el aire”. Luego ceda la palabra al consultor o representante de recursos humanos para que explique los próximos pasos. “La reunión no tiene por qué ser prolongada”, dice Stybel. “Diga lo que tenga que decir, y luego salga de la habitación. La empresa de recolocación se hará cargo”.
No se desvíe…
A medida que la persona que está perdiendo su trabajo asimila lo que está pasando, ella podría reaccionar emotivamente. Podría romper en llanto, explotar contra usted o tener muchas preguntas. Pero usted, el gerente, no debe responder. “No querrá que la conversación se convierta en un debate, discusión o argumento”, dice Molinsky. No mencione el tema del bajo rendimiento del empleado o el hecho de que había sido advertido/a. En cambio, Stybel sugiere decir: “Si usted desea discutir la validez de esta decisión, con gusto podemos programar una reunión la próxima semana –este no es el momento”, pero el experto agrega que nunca “ha visto una situación donde un empleado despedido haya pedido una segunda reunión”.

Fuente: Gestión

lunes, 29 de junio de 2015

Cómo arruinar una empresa en 10 días


Las malas decisiones tienen consecuencias terribles. No importa cuánto tiempo lleve una empresa o la cantidad de crisis que haya logrado sortear, una gestión inadecuada puede dirigirla a la ruina mucho más rápido de lo que piensas (aunque, acepto, 10 días es un poco exagerado). Si no quieres que tus sueños se derrumben debes estar consciente de las cosas a evitar. Toma nota:

Pon a gente inadecuada en puestos importantes

¿Eres de los que colocas a tus amigos como directores, subdirectores y gerentes? ¡Cuidado! Además de ser algo poco ético, puede llevarte directo al fracaso. Evalúa con sinceridad si las personas que están a cargo de las áreas clave de tu compañía son realmente efectivas y trabajadoras; si no lo son, es momento de cambiarlas. Ten mucho cuidado al elegir a aquellos que se encargarán de tomar decisiones y gestionar gente, pues de ellos depende, en buena parte, que tu empresa sea un éxito o se hunda en poco tiempo.

Gasta el dinero en cosas irrelevantes

No hay duda de que el manejo incorrecto de las finanzas es una de las primeras razones por las que un negocio fracasa…y los gastos excesivos e innecesarios pueden ser una cara sentencia de muerte. ¿Compraste televisiones nuevas y tu personal no tiene siquiera computadoras funcionales? ¿Pagaste miles de pesos por un nuevo logotipo (que no necesitabas) y tu servicio al cliente sigue siendo terrible? ¿Gastaste cientos en viáticos para visitar clientes que de antemano sabías que no te iban a comprar? Un buen emprendedor debe ser un buen financiero, o al menos alguien cuidadoso con el dinero. La falta de flujo de efectivo puede ser sumamente peligrosa para un negocio, y más cuando está en sus inicios. 

Deja que la “juntitis” afecte la productividad

¿Estas sufriendo de baja productividad laborar? ¿Y cuánto tiempo desperdicias en juntas sin sentido y sin resultados? Este “síndrome” es muy común en las organizaciones, y pocos se ponen a pensar cómo afectan el ritmo de trabajo. Si quieres que tu empresa genere resultados, debes tener procesos y medios de comunicación eficientes que reduzcan al máximo las juntas presenciales. Asimismo, procura que cuando te reúnas con tu equipo tengas metas bien establecidas, un tiempo de duración definido y la selección correcta de los asistentes.

Cae en la parálisis por análisis

¿Planeas y planeas pero no ejecutas? ¡Tienes un problema muy grave! De nada sirve la planeación si no es para actuar de manera contundente y definitiva. La parálisis por análisis puede acabar con tu empresa antes de lo que imaginas. Por un lado, tu competencia podría actuar mucho antes que tú, y, por otro, generas un clima de incertidumbre entre tu gente que no es nada positivo para su productividad. No permitas que el exceso de información te paralice; actúa y haz cambios sobre la marcha. 

No tomes decisiones (aunque sean difíciles)

¿No quieres despedir a un gerente porque lleva muchos años en la empresa? ¿Te da miedo quitar un producto que no funciona? ¿Temes a los cambios de cultura y a la implementación de nuevas estrategias? El directivo cobarde es uno de los más dañinos para las organizaciones modernas. Este tipo de personas no se atreven a tomar decisiones; sólo hablan y se quejan. Recuerda que ninguna decisión es completamente buena ni completamente mala; lo que sí es fatal es la incapacidad de tomar decisiones.

Rodéate de personas dañinas

Una empresa es su gente. Si tu empresa está llena de individuos que no tienen valores y que están dispuestos a dejar a un margen la ética por conseguir los resultados, te tengo una noticia: tarde o temprano tú compañía se derrumbará. Fíjate muy bien en la gente con la que trabajas, más allá de su currículum y de sus habilidades. Las personas generosas y con ganas de trabajar son mucho más valiosas que aquellas que sólo persiguen el dinero y el poder.

Desmotiva a la gente

De nuevo: lo más valioso que tiene una empresa son las personas que trabajan para ella. Si eres del tipo de directivo que promete y promete, pero nunca cumple, entonces es muy probable que tu equipo tenga la moral baja. Además, si no pagas sueldos competitivos, exiges de más, no das prestaciones y continuamente les llamas la atención, lo más seguro es que su productividad también sea deficiente. No te enfoques únicamente en los números, fíjate también en las personas. Evalúa cuál es el clima laboral de tu organización; si todo son quejas y malestares, es una señal casi segura de que vas directo al fracaso.

No innoves

Hasta la compañía más grande y exitosa puede caer si se mantiene estática. Ejemplos sobran: Kodak, Blockbuster, BlackBerry, etc. Nunca (¡nunca!) puedes “dormirte en tus laureles”. Si tu empresa es pequeña, aprovecha su tamaño para probar, innovar y hacer cambios. No limites la generación de ideas; por el contrario, impulsa la creatividad y la experimentación. En el competido mundo de negocios actual, la capacidad de innovación es elemental y es lo único que te permitirá seguir siendo relevante en el mercado.

No escuches al mercado

¿Crees saber lo que quieren tus clientes pero en realidad nunca escuchas lo que dicen? ¿Constantemente recibes informes sobre la situación del mercado pero aún no haces algún cambio para adaptarte? Uy, uy, uy. Recuerda: sin clientes no hay negocio, y la mejor manera de encontrarlos y asegurarlos es escuchar con atención lo que dicen de ti y de tus competidores (en redes sociales, internet, tiendas, etc). Sólo así descubrirás áreas de mejora y oportunidades de negocio.

No te involucres

Como CEO o fundador de una empresa, tu presencia es esencial para que funcione y cumpla con la visión que planteaste. No importa si tienes una organización totalmente funcional, donde hayas delegado las principales tareas y cada quien sepa lo que debe hacer (¡bien por ti si ya lo lograste!): tienes que estar presente. Primero, para asegurarte que se vivan los valores y la cultura empresarial sea la que soñaste; segundo, para evaluar a tu personal y entender cuáles son sus deseos y frustraciones; y tercero, por tu bien como emprendedor, nunca te alejes de tu proyecto.

Buenas prácticas para convertirse en un gran CEO


Mucha gente puede ocupar altos cargos dentro de una empresa, especialmente cuando la empresa es propia, sin embargo, convertirse en un gran CEO, acrónimo de “Chief Executive Officer” o, lo que es lo mismo, Director General, no es un camino sencillo.

Cuando lideras tu propia compañía, sea en solitario o con la colaboración de otros socios, uno de los cargos que puedes llegar a desempeñar es el de Director General. Cuando aceptas este puesto asumes una gran responsabilidad. Además de ser la cabeza visible de la empresa y uno de sus máximos representantes, te conviertes en el nexo de unión entre la empresa y el exterior.

De tus conocimientos, habilidades y destrezas, dependerá que seas un simple director más o te conviertas en un gran CEO al que todos admiran y respetan.

Funciones de un CEO

Ejercer las funciones de CEO puede parecer muy sencillo, de cara al exterior, sin embargo, esto no es en absoluto cierto. Dirigir una compañía conlleva tiempo, sacrificios y una gran carga que no todo el mundo es capaz de soportar.
Entre las múltiples funciones que tienen que ejercer los Directores Generales están:

1.    Tomar decisiones. La principal función de todo CEO es la toma de decisiones. Diariamente se tendrá que enfrentar a situaciones diversas donde tendrá que elegir entre una u otra opción. Desde elegir qué tipo de empresa desea, su estructura, su organización, definir los objetivos, desarrollar las estrategias más adecuadas para alcanzarlos, seleccionar a las personas que van a formar parte de su equipo de trabajo, o los perfiles que deben cumplir, arriesgarse a aceptar negocios o rechazar propuestas hasta decisiones más banales.

2.    Representar a la compañía. Es, sin duda, una de las funciones clave, aunque la menos valorada. Un CEO representa a la compañía para la que trabaja, por lo que debe ser coherente con ella y cuidar que su imagen y actos sean acordes con los valores , filosofía y cultura de la empresa que representa.

3.    Comunicar e informar. Como Director, es la persona responsable de conocer todo lo que acontece en la empresa y de comunicárselo a los demás. Debe informar a su equipo de los objetivos que se han programado, de las estrategias y métodos a utilizar, de los recursos que disponen, los avances, dificultades, errores y aciertos, además, también debe motivarles, asesorarles y comentarles todo aquello que pueda resultar necesario o de interés para el correcto desempeño de sus funciones. No obstante, no sólo debe comunicarse con su equipo, también es responsable de comunicarse e informar a clientes, proveedores, inversores y colaboradores.

4.    Cuadrar las cuentas. La gestión económica es otro de los retos a los que debe enfrentarse el Director General. A pesar de contar con equipos de asesores que lleven la contabilidad y finanzas, el Director debe conocer las cuentas de su empresa, entenderlas y tomar decisiones acertadas para que la economía de la empresa no se convierta en un problema

¿Qué hacer para convertirse en un gran CEO?
Lo que diferencia a un Director cualquiera de un gran CEO, es su forma de actuar día a día. Si entre tus objetivos se encuentra el de mejorar como CEO, aquí tienes una lista de algunas buenas prácticas que puedes poner en marcha para conseguir tu fin:

-Acepta tus responsabilidades.
·         -Comparte y transmite la cultura corporativa.
·        - Predica con el ejemplo.
·         -No te resistas al cambio.
·         -Medita tus decisiones.
·         -Arriésgate, no tengas miedo a equivocarte.
·         -Sé creativo.
·         -Trabaja en equipo.
·         -Cree en tu equipo y cuida de él.
·         -Delega responsabilidades.
·        - Comparte tus conocimientos con tu equipo. Conviértete en su mentor.
·         -Pide asesoramiento y ayuda siempre que lo necesites
·         -Escucha con atención.
·         -Resuelve los conflictos antes de que estallen.

Comienza a ejercitar estas acciones y verás cómo pronto serás apreciado como un gran CEO.

martes, 23 de junio de 2015

Vuelve a besar a ese espejo que te refleja

¿Te han dicho que eres fe@?


La presión es absoluta, casi asfixiante. Hasta hace poco era un problema prácticamente reservado a las mujeres, pero hoy afecta a los hombres en la misma medida. Aunque parezca sorprendente, estoy hablando de belleza. O mejor dicho, del ideal de belleza como objetivo prioritario, esa meta inalcanzable que nos ha convertido en esclavos absolutos, en inconformistas natos y casi en depresivos en potencia.

Si abrimos un poco los ojos, si analizamos con más detenimiento todos los elementos que nos rodean, podremos entender por qué hemos llegado hasta aquí, ya que rápidamente caeremos en la cuenta que desde que nos levantamos hasta que nos metemos en la cama, nos inundan, nos bombardean con ideales de belleza, de atractivo irresistible, de sexo sin límites, de sensualidad abrumadora, de erotismo sin medida, de delgadez extrema Siempre en busca de la perfección del cuerpo… Y no, la perfección no existe, o por lo menos no es eso, así que cambiemos de objetivo y dejemos de buscarla en escaparates.

Los alimentos integrales los protagonizan modelos maravillosas, (que lo último que necesitan es adelgazar), los anuncios de perfumes son el paraíso de la belleza, de las poses imposibles y de las frases absurdas (habitualmente en francés); los aparatos mágicos adelgazantes son mostrados al público por hombres que parecen necesitar un descanso del gimnasio más que perder peso; los coches, los helados, los smartphones de última generación, los centros comerciales, las clínicas dentales con sonrisas perfectas... Todos los sectores, o casi todos, utilizan a personas bellas o muy bellas para tratar de vender sus productos.

Lejos del mundo de la publicidad ocurre lo mismo. Si paramos un segundo en un kiosko, podremos reconocer en las portadas de casi todas las publicaciones el uso abusivo de Photoshop para estilizar o hacer más bellos o atractivos a las, o los, modelos que ya de por sí lo son. Y las pocas revistas que no lo hacen no atienden a razones de ética precisamente, deciden no retocar porque su éxito radica en reírse de los pequeños ‘defectos’ de los famosos, incluyendo viñetas despectivas o flechas que señalan celulitis, estrías o barrigas.

Ya no nos extraña porque estamos acostumbrándonos, o nos han programado poco a poco para ello, a reírnos de los pequeños defectos, a hacer mofa del menos agraciado, cuando la belleza física es tan traicionera que siempre, sin excepción, acabará abandonándonos a todos.

Toda esta locura que nos rodea se ve reflejada en los alarmantes datos que aporta la psicóloga especializada en el estudio de la salud, Phillipa Diedrichs: Más de 10.000 personas acuden cada mes al buscador Google para teclear lo siguiente: ¿soy feo?; seis de cada diez niñas no hacen cosas relevantes para su desarrollo porque se sienten feas; el 31% de los alumnos no se atreve a participar en clase por miedo a que critiquen su aspecto, mientras que el 17% de las mujeres deciden no ir a una entrevista de trabajo si ese día no se sienten cómodas con su apariencia. Este tipo de datos sí son feos.

Como recuerda Meaghan Ramsey, directora de la firma de cosméticos Dove, (una de las pocas compañías que decidieron realizar campañas en defensa de las proporciones reales de la mujer), casi todos durante la infancia damos besos al espejo cuando nos vemos reflejados, pero hay algo que cambia con los años, y ese mismo espejo comienza a convertirse en enemigo.  

En ese periodo de transición entre gustarnos y no tanto, la tarea de los padres es esencial a la hora de construir en los niños una autoestima vigorosa, donde evitar  los comentarios despectivos hacia el físico o no exaltar ídolos de calendario se convierte en esencial.

Pero esta reflexión no es contradictoria con el hecho de cuidar la imagen como un aspecto muy importante de nuestra vida y nuestra salud, pero sin que se sitúe en lo alto del podio de las prioridades vitales, ya que solo nos puede traer problemas.
Cuba quizá no sea un modelo a seguir como país en algunos aspectos, pero en este sentido sí lo es. En un territorio donde no existe la publicidad como la entendemos en Europa, la gente ha aprendido a gustarse y a quererse tal como son desde muy pequeños. La gran mayoría crece sintiendo orgullo por el cuerpo en el que le ha tocado vivir y esa virtud les proporciona una gran seguridad en sí mismos. Y es ahí cuando esa cualidad se convierte en seducción, se convierte en poder.

Precisamente sobre este aspecto, la polifacética Chen Lizra (bailarina, conferenciante, emprendedora…) pone el foco en la importancia de la seducción, por encima del culto a la belleza. Para Lizra la seducción se puede convertir en “una herramienta vital, porque todos tenemos el poder de seducir, solo hay que sacarlo. El concepto de seducir, siempre asociado de forma negativa a la sexualidad, debe cambiarse al lado positivo, que lo tiene. Es como el dinero, puede ser bueno o malo, dependiendo de cómo lo uses, pero la seducción asociada a la lealtad e integridad, y al cuándo y cómo adecuado, es un arma valiosísima”.

Chen Lizra pone en valor la seducción porque, afirma, es una mezcla de confianza y autoestima a la hora de conseguir lo que queremos, condimentada con control del lenguaje corporal e incitación. Este último punto es, además de en el plano personal, realmente importante en algunas profesiones relacionadas con la publicidad o el marketing, ya que saber seducir al cliente o al consumidor es un arte que diferencia a una empresa de otra en su camino al éxito.

El cantante Rosendo afirmó hace un tiempo que no se cambiaría por nadie a pesar de su etiqueta de poco agraciado porque mi fealdad es muy mía, estoy orgulloso de ser feo”. Seamos como somos, intentemos mejorar, estar sanos y busquemos la belleza con cabeza, pero antes de nada, seduzcámonos a nosotros mismos porque así podremos seducir al mundo sin mirarnos en el espejo que nos impongan. Porque la belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora.

Fuente:

Estrategias del ajedrez para la vida y los negocios. | Management | Articulos y casos de estudio

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